Por Ana Vicini
¿Somos capaces de  imaginar un futuro no tan lejano en el cual los hombres puedan embarazarse y dar a luz mediante un parto peneano mientras las mujeres ya casi han renunciado a la maternidad? ¿Una sociedad donde las luchas y disputas sociales y políticas se den entre los Continuistas, que defienden la preservación de la especie humana, y los Extincionistas que, por el contrario,  tienen por única bandera su fin? ¿Un mundo atravesado totalmente por la tecnología, donde un dispositivo – llamado Nit- reúna toda la información personal y social que una persona pueda generar en el trascurso de toda su vida, aun desde antes de nacer? ¿Seríamos capaces de asimilar una realidad con estas características?Este escenario es el que construye Leticia Martín (1975)  en Estrógenos, su último libro recientemente editado por Galerna. La autora plantea a través de la ciencia ficción una trama que atraviesa y subvierte las relaciones de género, personales y sociales, y cuya lectura obliga a reflexionar sobre los vínculos humanos, las relaciones de poder y el papel de la tecnología en nuestras vidas y en la sociedad.

Leticia Martín es es escritora y periodista. Es autora de Breviario o el oficio religioso (Editorial Funesiana), El Gusto (Pánico el Pánico), La coronación del peón (Milena Caserola y el 8vo. loco).

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La novela pone al personaje de Martin en situaciones que cotidianamente enfrentan y transitan  las mujeres. ¿Creés que la maternidad condiciona al género? ¿En qué medida?

 

Hablando en términos generales, más allá de la novela, creo que la maternidad no condiciona casi nada. Puede ser que genere alguna especie de restricción de horarios en algún momento, debates de roles en el cruce con la paternidad, algunas renuncias y esfuerzos, pero de ninguna manera condiciona o condena a las mujeres que tengan deseos fuertes. Tampoco creo que la paternidad condicione al hombre. Hoy es padre/madre quien quiere y del modo que quiere. Y en general los hijos se incorporan a la vida de uno con muchísima plasticidad, viendo cómo te movés por el mundo y leyendo algo en cada gesto.

 

¿Estrógenos puede/debe leerse como una novela feminista?

 

Estrógenos puede/debe leerse como cada lector quiera. Es una novela abierta a la multiplicidad de interpretaciones, como toda novela. De ningún modo yo podría cerrar esa instancia de lectura dando pistas. Espero, por el contrario, lecturas corridas, distintas, nuevas. Incluso entender qué habrá querido decir la parte mía que no puedo controlar cuando escribo.

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Todo el libro transcurre en una atmósfera de control estatal y, de algún modo, extremismo ideológico. Sin embargo, la Iglesia o la religiosidad están ausentes. Considerando el rol y el peso que ocupan en la sociedad, especialmente en relación a los temas que toca la novela, ¿esta omisión fue deliberada? ¿Por qué, en todo caso?

 

Mirá qué buena lectura. No lo había pensado. Podría decirte que en ese futuro que cuenta Estrógenos la iglesia ya no pincha ni corta, pero la verdad es que no pensé ese punto cuando escribía. Sí fue deliberada la construcción de un Estado matriarcal, invirtiendo posiciones actuales, hiperintervensionista en todo, pero sobre todo en lo que hace a los cuerpos de las personas que encarnan la continuidad de la especie. Esa es la discusión de fondo y en ese debate, que tiene cierta representatividad en los harapos de una democracia gastada y sin sentido, se inscribiría a mi entender la novela. Pero es verdad, como observás, que omití muchas instituciones disciplinadoras, incluída la iglesia. Puse más el foco en los medios masivos y la publicidad, por ejemplo, incluso el Nit, que es una especie de realidad virtual evolucionada. Quizá me traicionó y llevó a la omisión la simpatía que tengo por la experiencia religiosa.

 

La ironía tiene un rol relevante en la interpelación y la crítica de las relaciones y vínculos personales y sociales que sobrevuela toda la novela. ¿Por qué elegiste plantearlo desde ese lugar?

 

La ironía es un tono que aparece cuando todo lo demás no funcionó. Cuando gritaste, fuiste explícita de mil formas, te enojaste, te fuiste, rompiste, puteaste. Creo que es la forma que mejor le queda a la ficción crítica que podría escribir una mujer como yo, que cree en pelear espacios siempre desde adentro, siempre de a poco y sin pausa, siempre esbozando una sonrisa.

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¿Qué papel creés que tienen las nuevas tecnologías, tan presentes en todo el libro, en la dinámica social que de alguna forma denuncia o pone de manifiesto la novela?

Las nuevas tecnologías son nuestra naturaleza. Nuestros árboles, nuestros cuerpos, nuestras máscaras y nuestro futuro. Son vitales en nuestras relaciones e inseparables de la conformación de nuestras subjetividades. Tienen el papel que queramos asignarles. Hay que amarlas, como todo aquello que hace a nuestra vida. Pero ojo, que amar no es entregarse a todo y de cualquier manera, para terminar colgado en una cruz. Amar es tomar distancia, no dejar que el árbol tape el bosque, saber qué se da, qué se recibe, estudiar a fondo lo que se ama, tenerlo cerca, analizarlo, y comprender que uno se va haciendo con eso al mismo tiempo.

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