Por Ana Vicini

El último viernes comenzó en la Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez el curso de literatura Color local. El mismo, propone una serie de cuatro encuentros en los que se abordarán distintos autores rosarinos, a través de diferentes obras de ficción y ensayos que narran parte de la historia de nuestra ciudad.

Osvaldo Aguirre, periodista y escritor, es el responsable de la selección que intenta un recorrido crítico que permita un acercamiento a la tradición literaria rosarina y quien dictará los encuentros que se llevarán a cabo los todos lo viernes de mayo a partir de las 18 horas, con entrada libre y gratuita.

Para el escritor, “El objetivo del curso es producir nuevas lecturas y poner en circulación textos a los que se les reconoce un valor, pero no han sido recorridos con la profundidad que se merecen o no están presentes en la actualidad, a pesar del valor que se les concede.”

Aguirre es autor de varios libros de poesía, novela y ensayos, entre ellos Estrella del norte, El novato, La tradición de los marginales y La Chicago Argentina: crimen, mafia y prostitución en Rosario.

¿Cuáles considerás que son los rasgos distintivos, si los hay, de la tradición literaria rosarina?

Un rasgo distintivo de los escritores rosarinos es la queja por no ser reconocidos. Paradójicamente, los autores rosarinos son los primeros en desconocer su propia tradición, o digamos más bien los textos que han sido escritos en la propia ciudad. ¿Quién lee hoy a Rosa Wernicke, por ejemplo? En la reedición de Las colinas del hambre, el prologuista (anónimo) se pregunta qué se sabía de Rosa Wernicke cuando apareció la primera edición de la novela, en 1943. Poco: que había publicado un libro en Córdoba, que era la compañera de Julio Vanzo, que había ganado el premio Musto. Pero hoy sabemos todavía menos, porque prácticamente no se ha escrito nada sobre ella ni sobre su obra. Sin embargo, Las colinas del hambre es un texto poderoso y extraño, con múltiples conexiones con la historia de Rosario y con la literatura de su época. Hubo dos reediciones de la novela, y no fue suficiente para que surgieran notas, investigaciones, reseñas. Nadie es responsable, la novela de Felipe Aldana, se publicó después de permanecer 60 años inédita, pero es el poeta rosarino por excelencia, se supone. Es cierto que en los últimos años hay acciones de rescate editorial muy valiosas, a través de las publicaciones de Baltasara, Serapis, Iván Rosado y la editorial de la UNR, en la colección que edita Nicolás Manzi, pero faltan lecturas, y en primer lugar deberían hacerlas los escritores rosarinos, Volviendo al tema de la tradición rosarina, se me ocurre contestarla parafraseando lo que decía Aldo Oliva en sus clases de literatura europea: “yo quiero leer la tradición literaria rosarina para saber cómo es esa tradición.”

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¿Cuál fue el criterio y las razones de elección de las obras, autores y ejes que se abordarán en el curso?

El criterio, en parte, fue reparar en la coexistencia de algunos autores y obras, en distintas épocas, y en proponer un cruce, cuando en general se los piensa en forma aislada. Por ejemplo, Aldana cita de alguna manera a Wernicke en su novela Nadie es responsable, o por lo menos cabe suponer que la había leído, y el basural sobre el que posa su mirada Las colinas del hambre es también el que visitan los escritores de la revista El arremangado brazo, en 1963; la discusión entre Fausto Hernández y los historiadores, a raíz de su obra Biografía de Rosario, fue más explícita. También lo que decía antes: tomar obras reconocidas -pero poco leídas, en realidad- y revisarlas desde una perspectiva crítica, abrir la lectura a la historia y a distintos momentos de la cultura de Rosario, momentos particularmente intensos como los años ´40 o la segunda mitad de los ´60.

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La mayoría de las obras elegidas hablan de distintos momentos de la historia de la ciudad, ¿creés que tienen relación o pueden cruzarse con el presente?

Claro que pueden cruzarse con el presente, algunas de las obras debaten respecto de la identidad de Rosario o de aspectos centrales en su pasado, y en su conjunto, son parte de un relato que hay que retomar o rehacer. Esa es la idea.

 

 

Los encuentros se llevarán a cabo en la Biblioteca Argentina, Presidente Roca 731, los viernes de mayo a las 18 horas. En el primero  se abordaron las obras de Felipe Aldana y Rosa Wernicke. En las siguientes jornadas los ejes a tratar serán los siguientes:

La fundación mitológica de Rosario” La polémica en torno a la Biografía de Rosario (1939) de Fausto Hernández. Un mito de origen rechazado por la historia oficial. La discusión entre Hernández y Augusto Fernández Díaz y la intervención normalizadora de Juan Alvarez. La posibilidad de un relato de identidad alternativo para la ciudad. 

“El barrio y los intelectuales.” Salón de billares (1960), de Jorge Riestra,  Los que esperan el alba (1967), de Noemí Ulla, La experiencia de la revista El arremangado brazo (1963-1964), los cruces con Setecientos monos (1963-1967) y  Secuencias de mayo (1972), de Hugo Diz.

“Representaciones del delito.” El agua en los pulmones (1973), de Juan Martini y Los atributos (1984), de Roger Pla.

 

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