Por Ana Vicini

Diego Paruelo nació en Rafaela en 1976. Es reportero gráfico, estudio en la escuela de fotografía de Avellaneda y luego en ARGRA (Asociación de reporteros gráficos de la Argentina).

En el año 2000 encaró el trabajo que a partir de mañana – 15 de marzo-, podrá verse en la Sala de las Miradas de Plataforma Lavardén. Se trata del ensayo fotográfico titulado 2 de abril, en el cual recrea la historia de Sergio Gasco, ex combatiente de Malvinas.

Paruelo pertenece a la generación para la cual la Guerra de Malvinas constituye uno de los primeros recuerdos, casi siempre reconstruido a partir de pequeñas imágenes o fogonazos de los años iniciales de la escuela y las reacciones o gestos de la familia y los mayores. A pesar de eso, señala: “Siempre fue una temática que me interesó, no por una experiencia familiar particular ni nada, la verdad es que no. Si había algo que me llamaba la atención, era ver a los ex combatientes -por lo menos acá en Buenos Aires, y en otras ciudades supongo que ocurriría lo mismo-, subir a los colectivos a vender reglas, biromes, no lo podía creer, me chocaba mucho. Habían puesto el pecho por la Patria y terminaban así, hoy creo que eso fue el disparador.”

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¿Cómo surgió la idea y cómo encaraste el trabajo?

La idea en un principio era contar la historia de todos, algo que resultaba como muy complejo, entonces me decidí por contar una historia particular. La de Sergio Gasco me parecía interesante, había estado en la batalla de Monte Longdon, era una experiencia fuerte, fue la batalla más cruenta de todas, duró doce horas en un combate cuerpo a cuerpo y una vez finalizada la guerra había sido tomado prisionero.

¿Lo contactaste especialmente para el proyecto o ya lo conocías?

No, no lo conocia, llegué a él de casualidad. Yo visitaba un Centro de ex combatientes de Lanús y un día me puse a charlar con Fabiana, su esposa, que iba al Centro a las reuniones de mujeres. Me llamaba la atención que ella iba y él no. Le pregunté si estaba la posibilidad de conocerlo, entrevistarlo y cuando me dijo que si fui a verlo y como que tuvimos buena onda enseguida. Le comenté qué era lo que quería hacer, se lo propuse y me dijo que si, no lo dudó mucho. Al principio no entendía muy bien para donde lo quería llevar, pero en cuanto le acerqué el primer material se dió cuenta. Él tenía una historia fuerte, una vida compleja, pero se abrió para contarlo mediante imágenes. Con el paso del tiempo se forjó una amistad, a veces sólo nos quedábamos charlando.

El trabajo se llevó a cabo durante casi tres años, con visitas al menos una vez por semana y terminó abruptamente en 2003 cuando Gasco fallece por un cáncer de pulmón. Sin dudas, para el fotógrafo esto representó un golpe. “Era un tipo joven, yo pensé que iba a zafar. De hecho cuando terminé el ensayo fotográfico quedé mal y lo dejé un tiempo durmiendo. Me costó casi dos años retomarlo, me shockeó bastante.”, señala.

¿Qué recuerdo tenés de Sergio?

La imagen de un tipo de mucho carácter, por supuesto, pero muy divertido, también.

Un tipazo, un buen tipo, eso. Que tenía su vida partida en dos. Él tenía sueños recurrentes, síndrome de stress post traumático se llama. Lo que pasaron estos pibes fue muy denso y es muy complejo sobrellevarlo, de hecho es por eso que tantos se suicidaron.

¿Y de las jornadas de trabajo con él?

Sacamos fotos, luego se forjó una amistad, charlábamos temas personales. Un poco es la manera en que uno se propone este tipo de laburo, llegar a fondo, yo soy de trabajar a largo plazo, me gusta. Mi laburo diario es ir a hacer la nota y bajar las fotos, es todo como muy mediático y esto está bueno trabajarlo desde otro lugar. De hecho, trabajé con rollos blanco y negro, a la vieja usanza, esto me permitía serenarme, pensar qué foto quería hacer, porque sabés que tenés 36 cuadros y nada más. Hoy con la digitales uno está acostumbrado a disparar y ya. Eso era interesante y a él le llamaba la atención, alguna vez para que vea como se revelaba le llevé a la casa y le armé todo.

Lo bueno del trabajo es que hay un grado de intimidad que en una jornada de una tarde no lo lográs. También en el vínculo con su familia, hemos pasado unas cuantas juntos.

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¿Qué idea tenías vos del trabajo y cuál crees que es el resultado?

Yo lo sigo viendo y me sigue gustando. Lo veo y me parece que es contundente. Creo que Malvinas es una de las heridas históricas que tenemos como país, a los ex combatientes cuando volvieron los taparon, volvieron de noche…

¿Qué me pasa a mi? Estoy conforme, no esperaba el final, pero a la familia la sigo viendo, tenemos una relación.

Ya hace muchos años que hice el laburo, pero la verdad es que lo que me gusta y sigue rotando, ahora después de Rosario se va a La Pampa, y la idea era esa, es esa: que pueda seguir girando.

¿Creés que la muestra cumple la función con la que vos la pensaste?

Si. Ha salido en muchas revistas, a recorrido el país. Lo bueno de estas cosas, es que uno se replantea, también, por qué hace lo que hace, más allá de los egos. Eso lo veo en los mismos ex combatientes que van a verla y me agradecen, se emocionan. Todas esas fotos son estados en los que se ven reflejados, eso no tiene palabras, me he quedado pensando mucho en eso, es muy fuerte.

 

La muestra podrá visitarse hasta el 7 de abril con entrada libre y gratuita.

El viernes 16, a las 19, el fotógrafo Diego Paruelo dará una charla abierta al público.

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